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Editorial

El mes en que el arte se salió del cuadro

El mes en que el arte se salió del cuadro

Un robo en Sicilia, una demanda contra Christie's y dos despedidas. Agosto se movió más en los juzgados y en los titulares que en las salas.

Solemos imaginar el arte como algo que pasa en silencio, entre paredes blancas y gente que camina despacio. Agosto no se portó así. El mes dejó un robo de película, pleitos que ponen nerviosas a las casas de subastas y una discusión sobre quién manda ahora en el mercado. Vale la pena repasarlo, porque casi nada de esto tuvo que ver con una inauguración.

Empecemos por Sicilia. El 15 de agosto desaparecieron cuatro tablas de Antonello da Messina del Museo Regional de Messina, entre ellas tres paneles del Políptico de San Gregorio. Antonello es uno de esos nombres del Renacimiento italiano que se estudian con reverencia, así que la pérdida duele el doble. Las autoridades italianas ya trabajan para recuperar las piezas. Por ahora la ciudad se quedó con un hueco en la pared y muchas preguntas.

Del robo al lujo. El famoso retrato de Mai, pintado por Joshua Reynolds, cruzó el Atlántico y llegó por primera vez a Los Ángeles. La obra pertenece a la vez al Getty y a la National Portrait Gallery de Londres, que la compraron juntos por más de 60 millones de dólares y acordaron turnársela entre las dos ciudades. Es una manera distinta de coleccionar: en lugar de pelear por una pieza, dos museos la comparten. Ya veremos si otros copian la idea.

Cuando el arte choca con la política

La Bienal de Gwangju, en Corea del Sur, pasó el mes defendiéndose. Diez artistas y curadores taiwaneses la acusaron de censura por cambiar el nombre de su participación: donde decía "Pabellón de Taiwán", los organizadores pusieron las siglas del museo. El ministerio de Cultura de Taiwán protestó y mostró correos donde el nombre original aparecía desde el principio. La bienal lo niega y dice que registró al museo como institución, no como pabellón nacional. Abre el 5 de septiembre, con la pelea todavía caliente.

En Nueva York la historia se puso legal. Un heredero de la colección Grünbaum, saqueada por los nazis, demandó a Christie's el 7 de agosto para que revele dónde están dos obras de Egon Schiele. Su argumento tiene prisa: la ley estadounidense que ampara estos reclamos de restitución expira a finales de 2026, y él sostiene que un acuerdo de confidencialidad de la casa de subastas le impide reclamar a tiempo. Es el tipo de caso que decide si una familia recupera lo suyo o lo pierde para siempre.

El lado que no se ve

Mientras arriba se mueven los millones, abajo hay artistas que no cobran. Varios de los que participaron en el show 99CENT, presentado en Frieze Los Ángeles, dicen que nunca recibieron el pago de sus obras vendidas. Es el segundo reclamo por impago que cae sobre una galería, y vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién cuida al artista cuando la obra ya se vendió?

La inteligencia artificial también anduvo metida, y por dos lados opuestos. Por un lado, una startup empezó a usarla para detectar falsificaciones antes de que lleguen al mercado, o sea que la misma tecnología que asusta a los creadores ahora también protege las obras. Por el otro, en el Art+Tech Summit de Christie's la conversación fue sobre dinero: si las nuevas fortunas de la IA se convertirán en los próximos grandes coleccionistas. El mercado busca compradores frescos, y el dinero tech ya está mirando.

El mes cerró con dos despedidas. Se fue Betye Saar, que a los 99 años seguía siendo una referencia del assemblage y del arte afroamericano. Poco después murió Mary Heilmann, pintora, a los 86. Dos vidas largas dedicadas a hacer, que dejan obra y escuela.

Ocho historias, y ninguna cabe del todo en una sala de museo. Eso es lo interesante del arte hoy: se juega en los juzgados, en los contratos, en la tecnología y en la memoria. En mesh nos gusta seguirlo de cerca.

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