“Ya Empezó la Guerra de las Máquinas” de Yuri Ortiz
La historia del arte ha estado marcada por la irrupción de nuevas tecnologías que transforman sus lenguajes y horizontes. Con la aparición de la fotografía en el siglo XIX, las artes plásticas se vieron obligadas a redefinir su campo: ya no bastaba con reproducir fielmente la realidad, pues la cámara lo hacía con una precisión inédita. Fue entonces cuando surgieron movimientos como el impresionismo, el fauvismo o el expresionismo, que exploraron aquello que la máquina no podía capturar: la vibración de la luz, la intensidad del color, la subjetividad de la mirada.
Hoy asistimos a un cambio de paradigma semejante. La inteligencia artificial, apoyada en algoritmos y sistemas de aprendizaje profundo, es capaz de generar imágenes y textos que rivalizan con la técnica y la eficacia humanas. Como recuerda Isaac Asimov en La última pregunta (1956), la relación entre humanidad y máquina siempre ha estado atravesada por la inquietud de lo que nos excede y nos sobrevive. Robert Ciesla, en The Book of Chatbots (2024), traza la genealogía de estas voces artificiales que nos acompañan desde ELIZA a Jabberwacky, Parry y ChatGPT, y que hoy reaparecen en las obras de Yuri Ortiz. Por su parte, Ethan Mollick, en Cointeligencia (2024), propone pensar la IA como una inteligencia compartida que amplifica nuestras capacidades, pero que también nos obliga a preguntarnos qué permanece irreductiblemente humano.
La obra de Yuri Ortiz se inscribe en este territorio de tensión y humor. Ya Empezó la Guerra de las Máquinas, no es una declaración bélica, sino un laboratorio de dispositivos que revelan, con ironía y sensibilidad, la fragilidad y la potencia de nuestra condición. Obras como Are you human? Then touch and feel, o What makes you human? CHAOS, interpelan directamente al espectador, invitándolo a reconocer que lo humano no se define por la exactitud, sino por la imperfección que nos constituye. En la serie dedicada a los chatbots históricos —ELIZA, Jabberwacky, Parry the paranoid— Ortiz convierte referentes tecnológicos en materia pictórica, subrayando la distancia entre la memoria cultural y la experiencia sensible. Y en piezas como Entrop-IA o la animación Uncanny lava, la artista explora la entropía y el azar como territorios donde la máquina no puede replicar la fatiga, el error ni la emoción.
Así como la pintura moderna encontró su camino en lo que la fotografía no podía ofrecer, esta exposición señala que el arte contemporáneo debe indagar en aquello que la inteligencia artificial no alcanza. En ese espacio de incertidumbre y de risa, Yuri Ortiz nos recuerda que la verdadera batalla no es contra las máquinas, sino por la preservación de nuestra propia humanidad.