“Espectro de Brocken” de Radharani Torres
El Espectro de Brocken es un fenómeno óptico en el que la sombra de un observador, proyectada sobre una masa de niebla o nubes, aparece ampliada y circundada por un halo cromático llamado gloria. Vista desde una cumbre o desde el aire, esa sombra se transforma en una figura monumental y en un doble que interpela al que la contempla; la condición física del fenómeno (luz rasante, gotas en suspensión, posición del sol) remite a una conjunción de elementos que hacen visible lo ordinario como imagen extraordinaria. Tomada como metáfora curatorial, esa transformación ilumina la práctica de Radharani Torres: sus piezas convierten lo íntimo en presencia, la costura en rito y la figura en espectro.
La muestra reúne obras en las que la técnica —bordado, tinta, óleo, dibujo— no es solo soporte sino agente de significación. En piezas como Árbol Genealógico y Juicio Final, el bordado actúa como trazo de memoria: las puntadas inscriben relaciones, ausencias y herencias, y la tela se vuelve superficie donde se cosen genealogías y juicios. En trabajos titulados Trono o Black Queen Bitch, la iconografía regia aparece tensionada; la corona y el asiento no garantizan autoridad tranquila, sino que se muestran como emblemas ambivalentes, a la vez protectores y vulnerables, ceremoniales y domésticos.
Los personajes que pueblan la obra de Rahdarani son figuras en transición: reinas que conviven con corderos (Queen Lamb), hermanas que levitan (The Sisterhood Levitation), y presencias que reclaman un tercer ojo (Let Me Be Your Third Eye). Estas figuras no se presentan como retratos individuales sino como arquetipos en movimiento; su repetición y variación generan una mitología propia donde lo sagrado y lo profano se entrelazan. La recurrencia de apelativos como “queen”, “bitch” o “walkyria” sugiere una reescritura de la autoridad femenina, una puesta en escena que desafía estereotipos y reclama espacio para la ambivalencia.
La tensión entre lo ritual y lo cotidiano atraviesa obras menores y grandes formatos por igual. Piezas pequeñas en tinta y bordado —Automation, Bird on Flames, Storyteller— funcionan como aforismos visuales: condensan motivos y gestos que reaparecen en composiciones mayores, como si la artista tejiera un tejido simbólico a partir de fragmentos. En los grandes óleos y acrílicos, la escala permite que la figura proyecte su sombra y su aura; la superficie pictórica, a su vez, conserva la huella del gesto manual, la costura y la línea, y hace visible la coexistencia de fuerza y fragilidad.
La exposición propone leer esas proyecciones como dispositivos críticos: la ampliación de la sombra revela cómo las imágenes públicas y privadas se magnifican, cómo los mitos familiares y sociales se vuelven espectros que nos miran. Al mismo tiempo, la materialidad del bordado y la tinta ofrece una práctica de reparación: coser, repetir, bordar son actos que nombran pérdidas y las transforman en rituales de resistencia. En ese cruce, la obra de Torres plantea preguntas sobre la construcción de identidades, la transmisión de traumas y la posibilidad de recomponer narrativas colectivas.
El espectro de Brocken invita al visitante a detenerse ante cada figura y a reconocer en ella tanto una presencia ampliada como una herida. La muestra no entrega respuestas cerradas; propone, más bien, un espacio para la contemplación y la lectura atenta, donde la sombra se convierte en imagen y el halo en pregunta. En ese gesto, las obras de Radharani Torres ofrecen una cartografía de lo íntimo que, como el fenómeno que le da nombre, transforma la percepción y abre nuevas posibilidades de sentido.