IA en el arte: del miedo al diálogo
Hace tres años, cuando la IA generativa empezó a llenar galerías y redes, muchos creadores mexicanos sintieron que perdían piso. Si una máquina dibujaba en segundos, ¿para qué tantos años de técnica? ¿Qué valía la mano, la intuición, el oficio?
Hoy la conversación es otra. La pregunta sigue ahí, pero los artistas dejaron de esperar una respuesta y se pusieron a buscarla en el taller, en las instalaciones, en las charlas públicas. La IA sigue siendo polémica: hoy es material para algunos y blanco de crítica para otros, dentro de sus propias obras.
De la reacción al experimento
En 2024 y 2025, diversos colectivos como empezaron a meter tecnología en su curaduría y su documentación para ampliar su propio criterio. La pregunta pasó de "que la máquina lo haga todo" a "¿qué vemos con esto que antes no veíamos?".
Ahí la IA dejó de ser la villana. Algunos artistas generan referencias visuales y luego las rompen o las rechazan. Otros la montan en instalaciones donde el público topa, en vivo, con los límites y los sesgos del algoritmo.
El arte como pregunta
El trabajo de Pedro Reyes lleva años desarmando y rearmando objetos para hablar de sistemas y cuerpos. Frente a la IA reaparece una pregunta incómoda: ¿para quién estás creando? Si una máquina saca imágenes bonitas en milisegundos, ¿qué justifica el tiempo, el error, la búsqueda?
No es una pregunta nueva. Los fotógrafos la vivieron con la llegada de la cámara, y los músicos con la síntesis. Ahora pesa distinto porque la velocidad y el acceso son enormes: cualquiera con cinco dólares y una conexión puede tener cien imágenes en una hora.
Muchos artistas mexicanos están viendo que eso no le quita valor al arte hecho despacio. La pregunta pasa a ser qué intención y qué riesgo pones en lo que haces.
Otras formas de experimentar
En espacios independientes, la IA aparece a la vez como protagonista y como material de burla. Hay artistas que entrenan un modelo con su propia obra y luego exhiben cómo la máquina la interpreta, muchas veces de forma ridícula o inesperadamente bella. Hay instalaciones donde el público alimenta a una IA con imágenes y ve cómo las reinterpreta en el momento.
Eso es distinto a consumir arte generado por IA. Es arte sobre la IA: usa la tecnología como material y deja la autoría y la crítica en manos humanas.
Lo que está en juego
Debajo de la técnica hay una tensión mayor: velocidad contra profundidad. La cultura ya no vive en compartimentos, con la música por un lado y el arte visual por otro; todo se alimenta de todo. En ese cruce, la IA promete eficiencia y al mismo tiempo pone en duda la profundidad.
Algunos artistas usan justo eso como materia prima. La ponen frente a lo que les importa y ven qué sale.
El futuro sin línea limpia
No va a haber un "antes" sin IA y un "después" ordenado. Lo que pasa es más revuelto: convivencia incómoda, obras que salen de la crítica y crítica que sale de las obras.
En mesh estamos documentando ese movimiento: cómo los creadores la están digiriendo, reformulando o dejando de lado. No nos toca calificarla de buena o mala.
Si quieres conocer a quién está haciendo esto ahora, abre mesh. Ahí están los espacios, los artistas y los eventos que prueban qué pasa cuando alguien mira una herramienta nueva y decide no asustarse.
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